• Puede ser difícil hablar sobre tus problemas con el terapeuta: Puede suceder que en algunas sesiones exista el silencio por parte del terapeuta, ejerciendo éste un papel de «árbitro» mientas tú y tu pareja intercambian ideas, discuten o incluso se gritan. El terapeuta en este tipo de situaciones guía la conversación, hace reflexión y ayuda a la gestión de emociones que pueden llegar a surgir en el momento.
  • El terapeuta te puede asignar tareas para casa: Puede sugerirte actividades de comunicación o reflexivas en el hogar para ayudarte a poner en práctica lo que aprendiste durante la sesión.
  • Ir solo: Puedes asistir a las sesiones de terapia de pareja incluso si tu pareja se niega a hacerlo. Puede ser más complicado ya que la otra persona no se está beneficiando de las herramientas de la terapia, sin embargo, aprenderás acerca de tus emociones, reacciones y comportamientos. Y esto, evidentemente, influirá en la relación contigo mismo y con tu pareja.
  • La duración de la terapia: Algunas personas necesitan solo unas pocas sesiones de terapia de pareja, mientras que otras las necesitan durante varios meses. El plan de tratamiento específico dependerá de la situación en particular.

Tomar la decisión de ir a terapia de pareja puede resultar difícil, e incluso muchas veces parece imposible, sin embargo, si estás en medio de una relación problemática, pedir ayuda es más efectivo que ignorar los problemas o esperar que se solucionen solos. Dar el primer paso y admitir que la relación necesita ayuda es la parte más difícil, pero en la mayoría de los casos, las personas descubren que la experiencia es reveladora y fortalecedora en la relación propia y de ambos.